De la Ley Universal
Recibimos lo que damos. Como un espejo, la vida refleja nuestras propias intenciones. Nada es casual. El Universo recibe nuestro flujo de energía. Recibe la ansiedad, el miedo. Los silencios internos y externos. Recibe la alegría, la fe, la confianza. El amor. La verborragia. Las reacciones impulsivas. Recibe los momentos de ira y también los de meditación. Recibe y rebota. Devuelve. Así es como todo marcha. El tiempo y el espacio se desenvuelven. Ambos cruzan sus vectores y permiten los hechos, los sucesos. No hay eventos sin tiempo ni espacio para el movimiento. Vemos al tiempo como un gran tirano . Aquel que limita nuestras posibilidades. Que no permite desarrollar al máximo nuestras capacidades y virtudes. Aquel que mata, a aquellos que amamos, a nosotros mismos. Que le quita valor a los objetos. Que marchita, oxida, endurece. Así lo vemos constantemente, con miedo y rabia. Nos enojamos con el tiempo. Deseamos que se frene en los momentos maravillosos de la vida, en aquellos i...