La volatilidad de la soledad
Cuánto dura el dolor. Es una pregunta. ¿Hasta cuándo? ¿Dolerá siempre? Hay hojas de una suculenta, secas, en el suelo del balcón donde siempre me senté a disfrutar del sol invernal, ese que me hacía seguir de pie y disfrutando, cuando la pesadez de las paredes de concreto recaía sobre mi como si realmente llevara la casa a cuestas. Y es que no hay realidad más alejada de esa suposición, tanto en lo figurativo como en lo literal. No llevo la casa a cuestas. Ni pesan sobre mi espalda los bloques de cemento. Lo que sí es verdad es que el concepto de hogar se vuelve una estructura mental tan grande y poderosa que, lejos de generar bienestar y sensaciones de seguridad o compañía, resulta en un compromiso, una deuda, un deber, y los deberes en varias esferas, como el deber-hacer o deber-ser, ni hablar deber-tener o deber-responder. Pareciera como si de pronto nos hiciésemos esclavos de un vínculo. Difícil la comprensión entre dos mentes tan complejas y distintas que usan lo verbal y lo no ve...