A mamá y papá

 Cuántos días sin hablarme a mí misma. Será que había demasiadas voces hablándome, y no tuve tiempo de escucharme.

Apagué el móvil. Necesitaba tiempo. Necesitaba vacaciones de notificaciones.

Agota ¿sabes? Fastidia. Absorbe energía. Podría ser una mejor versión de mí, pero no, porque mucha energía la tengo ahí, atenta a cada palabra, frase, a veces agresivas, a veces de amor, a veces insultos, a veces dolor, pero atenta, porque el amor es así, nos importa, nos preocupa. Queremos cuidar, dar, acunar, apañar, abrazar fuerte hasta que el dolor se calme, como niños pequeños, como vidas libres. Amar como niños. ¿Y si en la infancia no se amó con pureza? ¿Y si en la infancia no se sintió libertad? ¿Y si la forma de amar que nos fluye es el reflejo de nuestra forma de ser amados en la infancia?

Me recuerdo a mí siendo amada. Recibir amor constante, con límites sanos, confianza y respeto. Recuerdo siempre haber hecho lo que quise. Recuerdo haber aprendido a leer de muy pequeña, y conocer el mundo de las palabras muy tempranamente. No sé si fue una bendición o un castigo. Pero mi conciencia se entendió ya entonces. Se comprendió como una con el todo y partes a la vez. Desde siempre la vida me sentó especial. Siempre me hicieron sentir especial. Capaz. Distinta. Talentosa. Buena. Dulce. Y cuando no lo era, mi mamá y mi papá me aceptaban igual. Hacía la tarea, leía, estudiaba mucho, desarmaba cosas, jugaba con ladrillitos, con autos, con muñecos. Con amigas y amigos bailábamos, contábamos, reíamos, jugábamos. La vida era así de fácil. La vida era amor fluyendo. ¿Cuándo perdimos ese contacto? ¿Esa simpleza? ¿Cuándo empecé a escribir como mi mamá? Con la misma letra, la emoción intensa, el cuerpo un poco tenso, algo ansiosa pero a gusto, algo risueña pero correcta. ¿Cuándo empecé a pensar como mi padre? A disfrutar de la naturaleza, a conducir por placer, a enamorarme del movimiento y de mi cuerpo, a aceptar la paz en mi corazón, a crear constantemente.

Soy su fiel reflejo, y así también mi forma de amar. Por días lejana, por días intensa, cambiante, montañarúsica, pero pura y profunda, libre, desinteresada, auténtica. Amo, ¡amo tanto! ¡amo tanto que mi piel no razona! Gracias mamá. "Cada vez que te digo que te quiero es tan fuerte como te ama tu mamá", que nunca me lo dijiste pero sé que lo pensaste, ¡gracias pa! Claro que tengo ángeles de la guarda, siempre los tuve, con el amor hicieron un hechizo, y nada puede estar mal, lo demasiado mal, como para deshonrar al amor y a la vida. Nada, absolutamente nada puede estar tan mal para que no tenga motivos para sonreír, vivir, festejar, disfrutar, bailar, cantar, desarmar, rearmar, preguntar, descubrir, cuidar, romper, arreglar, curiosear, llorar, recuperar, reír sin más, sin otra razón más que festejar la vida, incluso en el peor momento, incluso cuando haya dolor y parezca no existir consuelo, siempre hay motivos para caminar lento y descubrir cuánta paz se puede hallar en el silencio.

Gracias papá, gracias mamá.

Si no fuera porque están, y se amaron, yo no estaría acá.

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