Del tener un sentimiento o sentir
"Repentinamente, todo se volvió más claro y más puro. Fue cuando me hice consciente de una verdad: no poseemos el sentir.'"
Solía usar la frase "tengo un sentimiento acá adentro". Un poco por la armonía sonora de la frase, otro poco por que sentía que representaba bien lo que quería expresar: tenía un sentir dentro de mí, vaya a saber una dónde, si en el alma, en el cuerpo, más específicamente en las vísceras, los huesos, los músculos, la sangre. Asimismo, poetizaba con un "corre por las venas", como si aquel sentimiento que sentía dentro recorriera mi cuerpo en su totalidad, o vehiculizado por el sistema cardiovascular, sin energía propia, o siendo el motor que estimulaba al corazón batiente, que latía por ese amor, siendo medio y fin la misma cosa.
Es un hecho: sentimos, nominamos esos sentimientos, y luego de comenzar a sentirlos y alcanzado la nominación, nos hacemos poseedores.
El sentimiento se vuelve una cosa, abstracta pero caracterizable. Puede ser un sentimiento grande, pequeño, sutil, apasionado, certero, pasajero, duradero.
Lo comunicamos al resto en forma de objeto, en forma de posesión: "te tengo un amor", "le tengo un respeto", "le tengo un miedo". Poseemos emociones.
Como toda posesión, nos da seguridad. Estar seguros del sentimiento que tenemos hacia un ente externo a nosotros es un eslabón más en la gran cadena de elementos que nos rodean, nos dan base de apoyo para definirnos y sentirnos seguros de que somos lo que tenenemos.
¿Cuál es la diferencia, entonces, entre tener un sentimiento, y simplemente, sentirlo? ¿Por qué nos referimos a los sentimientos como cosas, como bienes de consumo?
"Tengo una alegría porque me voy de vacaciones" reemplazó al sentirse alegre.
"Me da mucha felicidad". ¿La felicidad se da? ¿Y para colmo, en partes?
Sentir es un hecho, es un acto, un momento, un estado del ser. Sentir es la naturaleza del ser, independientemente del qué se sienta. Sentir es un acto natural, espontáneo. Puede iniciarse, generado por hechos y pensamientos, aumentar el espacio que ocupa en el estado del ser, menguar. Tener un sentimiento, en cambio, da una impresión de extensión. De permanencia. De corporeidad del sentimiento.
Otorgarle cuerpo a un sentimiento hace que el sentimiento pierda su naturaleza humana y se convierta en una cosa. Convertir a los sentimientos en cosas, poder nominarlos como propiedad, "este sentimiento es mío y es tan grande y lo siento, y me encantaría dártelo todo, pero no hallo la forma porque es tan grande que no lo puedo sacar todo de mí, y tengo miedo de darte todo el amor y que se me termine agotando". ¿Qué educación recibimos sobre el sentir mediante el sistema actual? ¿Dónde está el límite para sentir? ¿Existe acaso límite? ¿Habría forma de asegurar esa aseveración, siquiera demostrarla parcialmente? Poseo un sentimiento que quiero dar. Sentimiento como bien de consumo, lo poseo y te lo regalo, porque mi bondad como cualidad me lo permite, porque no sale nada más que mi intención de brindarlo.
Tener un sentimiento y querer demostrar que el sentimiento que se tiene es grande puede dirigir al interés material de la demostración, a la obsesión de dar muestras de afecto continuas, a llenar agujeros, a completar al otro mediante el sentimiento intentando que esa cosa tan vasta y plena le absorba por completo, en una especie de posesión, no sólo del sentimiento, sino de aquel hacia el que se tiene ese sentimiento.
Y si acaso un día el sentimiento se agota, se descarta como basura, ya no se tiene amor, ni miedo, ni respeto. La relación cambia, muta, se convierte. La ausencia de posesión hace que el interés se agote, se pierda. Y si se vuelve más pequeño o sutil, entonces es como no sentir. El corporativismo enseñó que lo grande, brillante, notorio, abundante y excesivo, es lo mejor y lo único válido. Si no tengo o acaso tengo poco, entonces no quiero, ni me importa mantener nada.
Sentir el sentimiento en el momento que se siente, sin generar una relación de poder y posesión sobre la cosa-objeto o de proyección temporal del mismo (como las relaciones que se generan con los bienes materiales, ej. "es mi auto favorito y me lo quiero comprar para tenerlo y pasear en ese auto", "esta remera me encanta y la quiero para mí para siempre, no la voy a dar en donación") permite que los sentires se vivan con mayor naturalidad, dándose en el momento, en tiempo y forma, con espontaneidad y decisión, con la pureza y transparencia que caracterizan a los actos simples que brotan espontáneamente del ser. Desde sentires que van en pos del crecimiento y desarrollo de un otro, como cuidar, acompañar y aconsejar desde el amor y la solidaridad, hasta sentires que alejan a las personas entre sí, como no estar de acuerdo con una idea o una realidad, pero aún así, conservando el respeto de la diversidad.
Con las ideas y opiniones suele darse una situación similar. Si tengo una idea y la digo, alguien puede sacármela. Mi gran creación, que es mía y es mi posesión, puede caer en manos de alguien más. Mi opinión no será más que una opinión, pero es lo más valioso que tengo. No puedo ponerla en juego, ni contrastarla con otra, porque si pierdo mi opinión construida, pierdo algo que ya tenía. Si cambio, pierdo lo que conocía muy bien de mí para dar lugar a algo nuevo -o ni siquiera-, sólo perder algo que tenía hace mucho tiempo ya. Algo que era mío. Y soy lo que tengo. A más tenga, más soy. No puedo permitirme perder algo.
Sentir sin pensar en los sentimientos como posesiones parece permitir más la capacidad de cambio, de duda, y de análisis. Me siento de una forma, me siento enamorada, me siento frustrada. Sentimientos que ocupan el pensamiento en mayor o menor medida, sentimientos a los que va dirigida la energía vital según dispongamos de voluntad y poder sobre nuestra consciencia e inconsciencia. Siento amor, no lo tengo, no es mío. Amo y en el amor me entrego y cuido al otro, fomento su desarrollo y su crecer. Escucho activamente, y no me preocupo por el tamaño del amor. No me preocupo del amor como sujeto, sino como predicado. No como sustantivo, sino como verbo. La entrega es absoluta siempre que sienta el amor, y a más veces lo sienta al día, mayor intención sentiré de compartir, cuidar, ver libre y pleno, al ser que se ama.
Sentir es un hecho. La forma en la que nominamos es todo. Somos seres atravesados por el lenguaje, la cultura, el tiempo. Construimos nuestra concepción de la naturaleza, de los otros seres humanos y todo lo que nos rodea a partir del lenguaje. Usamos a este como medio para ser, definir, explicar, transmitir. Como ahora elijo estas palabras para mis sentires de estas últimas semanas, donde el consumo masivo promovido por la llegada de fin de año me hizo sentirme muy extraña de la cultura que me rodea, como si fuéramos asincrónicas, como si no pudiera entender el nivel de enajenamiento y alienación que corre por las calles en estos días. Quise replantearme el modo de comunicarme, ayudada por mis lecturas, que circulan por pasajes de la época de Aristóteles, de la de Santo Tomás, ensayos de Erich Fromm, novelas de Hesse, mis propias escrituras de hace un tiempo atrás, y las maravillosas charlas que suelen desarrollarse con algunas personas, que amo tanto y agradezco al Universo que nuestras energías vitales se encuentren tan a menudo. Me siento sobrepasada por momentos, pero busco mi espejo interno, me doblo sobre mí misma y me redescubro, aprovechando el contraste severo y el ruido que vienen de afuera.
Decido nominar distinto, y busco la manera de hacer llegar mi mensaje. Quizás, así, haya quienes se encuentren de igual manera, y unas simples palabras de análisis logren ser oasis. Un respiro para este desierto en el que se está convirtiendo nuestro mundo actual. Una reflexión. Una vía. Un camino. Un modo distinto. Algo que predicar. Algo por lo que luchar.
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