No pienso y sólo existo
-Lo pensás demasiado. Quedó la frase dando vueltas en su cabeza. Obviamente. Pensaba demasiado, y lo que le había dicho no era algo que no supiera, de lo que no fuera consciente previamente a que alguien, y no por primera vez, se lo dijera en voz alta. Pensaba demasiado, y como tal, no podía entregarse a los rituales. No podía disfrutarlos siquiera, como hacían algunas compañeras con las que coincidía en las clases de yoga, quienes, a veces, acudían a sesiones de baños de gong o radiofrecuencia. Descartada estaba, por lo tanto, la propuesta que le había hecho Oceanía acerca de los Registros Akáshicos. -No me fío del nombre- -Lo pensás demasiado, Agatha. Entregate a la sensación, no pienses. ¿Cómo podía decirlo así, de esa manera tan… natural? ¿Cuándo había dejado de pensar, desde que es consciente de que piensa? -”Pienso luego existo” -Tendrías que haber nacido en la antigua Grecia, tía. Aun con sus diferencias, podían pasar horas al sol tomando mates y queriéndose un poco ...