Hoy. Catorce de abril de dos mil veintiuno.
¿Qué estás haciendo para vivir tu hoy? ¿Quién sos? ¿Quién estás siendo, justo ahora? ¿Cuánta energía al día le dedicás a tu ser? ¿Cuántas horas de vida pasás preocupada o preocupado por sucesos que ya pasaron, sobre los cuales no tenés control? ¿Cuántas pensando en el futuro, con miedo, ansiedad y nerviosismo, tratando de elegir uno de los tantos caminos, un único camino, siendo que la vida es tan impredecible?
Vivir sin esperanza es inútil, pero vivir absorto en los pensamientos, en lo que fuimos y lo que creemos que seremos, también.
Es probable que tengamos un futuro. Lo apoya la esperanza de vida de nuestra especie (aunque a este paso vamos hacia la extinción segura, nuestra y de todos los seres vivientes), y la continuidad del tiempo. Pero ¿justifica entregarle y dedicarle tanta energía vital? Pensar en el futuro quita espacio a pensar en el presente. A vivir el momento. ¿Y qué estás haciendo hoy para alcanzar el futuro que tanto ansiás?
Muchas personas pretenden, en un futuro, ser ricas, felices eternamente, vivir tranquilas, rodearse de personas importantes, y ganar fama. No voy a poner en tela de juicio qué me parece valioso y qué no, pero con los siguientes párrafos se va a notar lo que significa para mí cada uno de esos objetivos.
Primero, sólo soñar con que todo eso suceda por arte de magia es absurdo y estúpido.
Si el día de mañana querés ser tranquilx, esforzate hoy por no dejar que las trivialidades del momento te quiten la energía y la estabilidad. Todo tiene solución, excepto la muerte.
Si querés ser ricx, empezá hoy por sacarle interés a lo material. Despojate de tus posesiones y entendé que la riqueza está en la libertad del alma, en la no-dependencia o independencia de todos los objetos externos.
Si el día de mañana querés ser prestigiosx y reconocidx, concentrate hoy en actuar desde el amor, la paz y la sabiduría, y compartir estos valores. Empezá por los tuyos, luego buscarán tu voz, y la compartirán.
Hay miles de futuros posibles. Podemos elegir uno aproximado, uno que deseemos y proyectemos. Pero cegarnos en la visión del futuro hace que dejemos de construir en el presente. ¿Y cómo construir un edificio de diez pisos sin hacer los cimientos? Lo que importa es el hoy. El trabajo del día a día es el trabajo del hoy a hoy. Por lo tanto, el futuro tambalea si no atendemos el presente, pues es este último el único medio, la única herramienta que tenemos para construir el futuro.
Querer que el futuro llegue hoy no hace más que acelerar el envejecimiento y desvalorizar el día de vida. Es importante agradecer cada amanecer, no importa si lo hacés hacia el dios o ser supremo en el que creas, a la energía del universo o a tus antepasados por ser los responsables de que vos hayas sido dada o dado a luz, viviendo y experimentando el tiempo presente aqui y ahora. Disfrutá todo lo que acontece; así sientas frío, disfrutá la reacción de tu cuerpo con el tiritar y el temblor, disfrutá tu piel erizada. Cuando llores o estés triste, abrazá la tristeza, vuélvela una amiga, una maestra. Entendete, asegurate de identificar aquellos aspectos que te llevaron a la tristeza, y cambiá. Si vos mismo te llevaste a estar triste, intentá no volver a hacerlo. No se puede asegurar un futuro feliz y sin dolor, ya que casi todo es externo a nosotrxs mismxs, pero quizá paulatinamente la tristeza será sólo externa y no perpetuada por vos.
Convertí las energías, permití a tu alma expresarse más allá del pensamiento, de la mente, que limitan la expresión a abstracciones mentales. Sé a través de tu mirada, de tu escucha, del arte. Expresate, usá tus palabras, usá colores, hacé formas en una hoja de papel blanco, cantá, bailá, movete. Si nuestro mayor valor fueran los pensamientos, entonces ¿para qué tener este cuerpo tan maravilloso, tan capaz, tan adaptable, versátil, moldeable, con tantas potencialidades? ¿Para qué tener esta capacidad de crear y convertir, de moldear la naturaleza, de ser artesanxs? Confiemos en la inteligencia de la Madre Naturaleza y dejemos expresar nuestra capacidad creativa. Por algún motivo (que quizá nunca sepamos) debemos tenerla. Aunque, viéndolo así, el motivo parece claro. El ser lucha con el pensar. Así como con el hacer. La creatividad hace una tregua. Abstraerse y pensar de forma atolondrada y compulsiva, sólo alejará de las ideas claras, de los objetivos reales y de los caminos que deberían ser tomados para ser alcanzados.
Utilizá la meditación y la consciencia de Ser para que los pensamientos sean sobre tu yo actual, sobre lo que sos, no sobre lo que pasó, lo que fuiste, o lo que serás o pasará. Concentrate en tu respiración, tu postura corporal, tu temperatura, tu corazón batiente, tu piel sensando cada textura de cada elemento que la contacta, dándote información de peso, vibraciones, estímulos dolorosos, nocivos, agradables. Prestale atención a tu cuerpo y sus infinitas potencialidades. Escuchá tu voz interior, sí, pero esa que habla de vos, no el recuerdo de lo que hablaron de vos o el miedo a lo que dirán de vos. No lo que opinás de lo que sos, sino lo que realmente sos. Preguntate y reflexioná sobre vos. Cómo le brindas amor a tus seres queridos. Cómo te alimentás. Cómo dormís. Cómo empleas tus horas de vida. Cuánto de lo que hacés es por amor y cuánto con un fin remunerativo. Qué leés, qué usas para informarte, qué para expresarte. Evaluá estos aspectos cada día de tu vida, y ponete a prueba. Todo lo que no te guste de vos, cambialo. Podemos ser lo que cualquier ser humano puede ser. Podemos elegir nuestra forma de pensar y reaccionar. Nuestra forma de relacionarnos con el mundo, y con nosotrxs mismxs. Nuestro alimento, nuestra rutina de ejercicios físicos y mentales. Nuestro entorno. Nuestro trabajo.
Cambiá. No esperes a que pase el tiempo para ser tu mejor versión. Esa con la que te sientas más plenx y hechx. No dejes que pensar en el futuro o en el pasado te boicotee el presente. Y si pensás en ayer o en mañana, no dejes que sean sólo reverberaciones de pensamientos, no tergiverses situaciones y comentarios, no perpetues dolor. Si pensarlo es inevitable, reflexioná, crecé y cambiá al respecto, de forma tal que el pasado no se repita, y el futuro sea lo más parecido a lo que vos querés que sea.
Vivir sin esperanza es inútil. Vivir sin paz, un calvario. Vivir sometidx, mejor no vivir dicen algunos, o vivir con la esperanza de que el sometimiento se va a terminar (sino preguntale a Viktor Frankl). Pero vivir sometidx y a la vez dormidx, es ser autómata. No darse cuenta de que somos parte de una máquina que nos enseña cómo pensar, cómo ser, cómo actuar, es la muerte en vida. Es el ser humano, pero desplazado el "ser", hecho máquina. Una máquina más de todo este engranaje estúpido que construyó el Hombre, mas no para el Hombre como especie, como un habitante más de la Tierra, sino para el Hombre como individuo. Y en el individualismo puro, está la extinción.
Abrir lo ojos es el primer paso.
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