Del tiempo y la eternidad
¿Por qué meditar? ¿Qué objetivo tiene toda esa gente que realiza esta práctica?
Particularmente, yo medito desde antes de saber para lo que me serviría meditar. Aún era adolescente y no dimensionaba los sabores amargos de la vida adulta, de la pérdida de la niñez, de la curiosidad, de la inserción en un modelo de normas. Por suerte meditar llegó a mí en ese momento, y hoy sigo cerca de la niña que era. Día a día me esfuerzo en reencontrarla más hasta abrazarla y fundirme con ella. Y así, dejar de preocuparme por el tiempo.
Hay autores que sostienen que meditar expande nuestra capacidad de consciencia y de autoconocimiento.
Pienso que, cuando cultivamos un estado consciente, nos libera de nuestros patrones de pensamiento rutinarios y relaciones, y de los estados emocionales negativos que a menudo los acompañan y nos "cargan" de energías negativas, que nos conducen a malestares, a la búsqueda de distracción o a la respuesta impulsiva o desmedida.
Al escuchar al resto con curiosidad auténtica, eliminamos barreras del propio juicio. La razón se hace a un lado: no me importa que lo que pienso que es correcto sea lo correcto, sino que abro el espacio a conocer la opinión del otro, así no coincida, o crea que no es lo correcto.
Cada ser humano tiene una historia que lo lleva a ser, pensar y actuar como es, piensa y actúa. Por lo tanto, su opinión construida tiene un trasfondo que no conozco. Si mis conclusiones son A, y sus conclusiones son B, no es cuestión de definir quién tiene la razón, o si la verdad es A o B. Hay que considerar que cada opinión, conclusión y construcción del pensamiento tiene un background de experiencias vividas, personas conocidas, maestros del camino, libros leídos, programas mirados, alimentos consumidos, suerte... Tantas son las cosas que influyen en nuestra forma de ver la vida e interpretarlo, y sería muy ingenuo (e incluso, aburrido) esperar que todos opinemos lo mismo de todos los aspectos de la vida.
Cuando nos paramos frente a un otro, es más probable no coincidir, que hacerlo. Por lo tanto elegir una actitud de querer convencer o proponer que lo que uno piensa es lo correcto, es autoritario. Podemos tomar esa actitud (somos libres), pero puedo también proponer al menos dos motivos por los cuales no tomarla:
1) ¿Te gustaría que una persona que piensa algo distinto a vos te quisiera convencer que pienses igual que ella respecto de algo "porque sí!?
PUNTO NÚMERO 1: ser con los demás como nos gustaría que sean con nosotros.
2) Pararse con una actitud curiosa, de escucha y atención plena, enseña otro punto de vista, permite al otro abrirse y te brinda un espacio de reflexión. Así aprendemos un pensamiento que quizá nunca se nos hubiera ocurrido. Este intercambio puede:
- cambiar parcial o totalmente mi visión
- reforzar mi visión
PUNTO NÚMERO 2: es igual de importante lo que se piensa de algo, que lo que no se piensa de algo.
Al escuchar a alguien sin aplicar juicios de valor o sin comparar con el concepto que uno construyó previamente, damos espacio. Regalamos tiempo. Hoy en día el tiempo es lo más valioso, ya que dicen que es dinero. Regalar un espacio de reflexión es dar lugar a ser conscientes. Tener consciencia de por qué se hace lo que se hace. A veces también de por qué no se hace lo que no se hace. Y lo más maravilloso, hallar cuestiones que no se hacen, pero quizá sería favorable hacerlas. Esto último lo catalogué como "maravilloso" ya que nos permite cambiar. Y el cambio me parece grandioso, ya que para mí significa vida.
La vida surgió a partir del cambio. El cambio implica vida, la transformación y el movimiento dan vida. Por lo tanto el cambio constante me hace sentir vida, viva. Y la sensación de plenitud y eternidad de sentir la vida fluyendo y brotando por mi cuerpo es indescriptible, así que voy a tratar de analogarla con algo que me hizo sentir un poco así alguna vez: estar sentada frente al Sol posándose, con el mar agitado cantando una melodía maravillosa, la arena caliente y suave en los pies, las manos, las piernas, y la mano de una persona que amo entrelazada con la mía. Hoy siento un Sol dentro, un mar rugiendo en mi interior. Hoy vive en mí la eternidad de la naturaleza. Y todo gracias a la atención plena. Todo gracias a permitirme al movimiento. Primero, regalándomelo a mí misma. Aplicando la meditación sobre mí. Sentándome a mirar mi interior, prestarle atención a mi corazón batiente, a mi tórax movilizando el aire, a mi mente siendo mente, permitiendo y aceptando mi estado mental, sin preocuparme por cambiarlo o resolverlo en el momento. Y luego, transmitirlo a cada persona con la que me involucro. Mediante la escucha activa, y el espacio de reflexión. Mediante el espacio de compartir libre de juicios o críticas. Así, aprendo. Siendo curiosa con la mente del otro y con la mía propia. Siendo generosa conmigo y con los demás. Y así brindando amor. Valorando. Y al amar y valorar, y transmitirlo, la vida se siente más. Y es maravilloso sentir la vida. Ya que es la única que tenemos, con nuestro cuerpo, con nuestra mente. Y sentir la vida es sentir la eternidad.
Sentir al Universo en mí. A cada criatura del Universo. Sentir el Sol, la Luna, las estrellas, los planetas. Sentir a cada árbol, cada flor. Sentir el viento, la lluvia, el calor, el frío. Todo en mi interior al mismo tiempo. Siendo todo lo que hay en el espacio. Siendo todo y nada a la vez. Viviendo toda la vida posibles al mismo tiempo, maravillándome en la experiencia, aprendiendo de los aciertos y los errores, pero todo nutriéndome, llenándome de vida, mes a mes, año a año. Y pongo esas palabras "mes" y "año", para comunicar. Pero simplemente es tiempo.
Y el tiempo es inevitable. Por eso no lucho, no trato de controlarlo o dominarlo. Ya no lucho contra lo inevitable. Lo acepto, lo abrazo y me fundo en él. Y acá estoy, ahora, sintiéndome eterna.
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