De la percepción de las virtudes

"Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a otro. Si te juzgas bien, es porque eres un verdadero sabio." Capitulo X, El Principito, A de Saint Exupery


Hay que usar las palabras con mucho cuidado. Las palabras esclavizan.

Mírate a ti mismo diciendo algo. Algo así como "soy bueno, soy bondadoso, soy una persona buena". Te esclavizas en la bondad. Te describes. ¿Cuán sencillo es describirse a sí mismo? ¿Podemos hacerlo? ¿Basta con decir "soy bueno" cuando es un adjetivo calificativo dentro de un sistema de valores morales? ¿Qué es "ser bueno"? Cometer actos de bondad, sin el perjuicio de nadie o con el beneficio de otrxs. ¿A quiénes beneficiamos al ser bondadosos: al resto o a nosotrxs mismxs? Aunque quizá el disyuntivo es en vano, y se benefician ambas partes. ¿Qué consideramos bondad? Brindar u ofrecer ayuda a alguien en necesidad. Trabajar gratuitamente. Acompañar a alguien para que no se sienta solo en un momento difícil. Decir palabras de motivación, cariño, aliento. ¿Esto es bondad? ¿Pensamos en las consecuencias de nuestros actos de "bondad"? 

Por un lado hay una intención de ser bondadoso. Pero uno puede hacerlo con la intención de mostrar bondad porque hay que ser bueno, o porque naturalmente le sale ofrecer ayuda, sin pensar en si eso significa o no ser bondadoso. Acompañar, ayudar, ser empático, como medio para que piensen que soy bueno, o hacerlo con el fin mismo de llevar a cabo esas acciones por un otrx en necesidad.

Por lo general asumimos que nuestro acto fue bondadoso cuando del otro lado, quien recibió la "bondad" agradece, se siente mejor, más segurx, más empoderadx. ¿Podría haberlo hecho solx? Sí. Pero la compañíá ayudó. Permitió ver los hechos de forma distinta. Pero ¿cuánto nos sesgamos ante los comentarios ajenos? Imaginemos una situación en la que un amigo que ha roto con su pareja se siente muy triste y precisa hablar. La bondad estará presente en la escucha. Quizá también en el consejo. Pero ¿qué consejo es bueno? Ya depende de las acciones que cada uno considere como buenas. ¿Olvidar es bueno? ¿Odiar? ¿Insultar de a dos? ¿Hallar adjetivos calificativos y redefinir? Para alguien esto puede ser el consejo ideal y deseado. Para otrxs, quizá, es una pérdida de tiempo. Quizá hay quienes prefieren solo hablar y la bondad la hallan en la escucha sin prejuicios. Otros quizá precisen opiniones contrarias, que abran el marco de posibilidades y muestren las otras caras de la moneda que uno no pudo hallar solx. De una forma u otra, la bondad autopercibida no es necesariamente la bondad percibida por el resto.   

¿Por qué motivos nos autoproclamamos bondadosos frente al resto y frente a nosotrxs mismxs? ¿Qué nos brinda a cambio? ¿Seguridad moral? ¿Aceptación inmediata? "Te querré eternamente porque sos la persona más buena del mundo, y si te dejo de querer, estaré loca, por dejar a la persona más buena del mundo". Y uso la bondad como ejemplo pues es una virtud que, por lo general, no entra en discusión de si es virtud o no. Podría usar cualquier otra, pero ésta es vista como una virtud en cualquier cultura conocida. El prestigio, por ejemplo, es más gris. Hay quienes creen que es una virtud, otros una condena. Pero de la bondad nadie duda. Hay que ser bueno.

"Hay que ser" como mandato. ¿Realmente somos "buenos" por elección, o por norma social? ¿Cómo llegamos al momento en el que realizamos una serie de actos en la vida que determinan que un día nos digamos a nosotrxs mismxs "pues mira en qué buena persona me he convertido"? Podríamos pensar en la bondad como conquista. Autopercibirnos buenos implica un sesgo. Binarizamos la situación. O somos buenos o somos malos. Y si somos buenos, no somos malos. No hay grises.

Autopercibirnos buenos o bondadosos implica, en primer lugar, justificar nuestros actos desde la bondad, aunque no los hayamos pensado mucho, o aunque hayan herido a alguien. "No lo hice de malo, pues no soy malo, soy bueno". Por lo tanto, ha sido un accidente del que podamos arrepentirnos y pedir perdón. Si fue accidental, entonces no altera los hechos predeterminados. Sigo siendo bueno aunque le haya hecho mal a alguien. Cuando estas circunstancias se repiten a menudo y el sujeto en cuestión no medita sobre sus actos, busca justificativos. "Lo hice sin pensar", "estaba enojado". Podríamos entonces suponer que las personas bondadosas pueden, de vez en cuando, ser coléricas, automatizarse y actuar impulsivamente sin medir consecuencias. Si la consecuencia es leve, quizá no sea tan terrible para su autopercepción. Y con un simple perdón, baste. Pero si es grave, ¿se hace consciente de que provocó un mal, más allá de su bondad? ¿Que su bondad no fue suficiente como para evitar "hacer el mal"? Y lo pongo entre comillas pues quien sufrió "el mal" también puede elegir, en cierta manera, cuánto de este mal realmente le impacta (más aún del verbal, el físico ya traspasa un límite muy difícil de que no impacte en la consciencia). 

Así es que, entonces, la virtud de "ser bueno" y por lo tanto, cualquier virtud, no siempre tienen el mismo significado para todos. 

Un ejemplo: experimenté una pérdida, causada por una decisión propia que no aspiraba tal pérdida absoluta, sino una más parcial. Deseada o no, fue una pérdida igual. Medí las consecuencias de mi decisión previamente. Sabía que podía llegar a generar esa pérdida total, preví las posibilidades. Por lo tanto no me vi sorprendida al recibirla en respuesta. Mi corazón estaba preparado. No tomé la decisión por maldad, pero generé mal. Y dudé de mi bondad. También recibi palabras que me hicieron dudar de mi bondad. 

Obligadamente atravesé la pérdida sola. Horas y horas de soledad física, pero no mental. Buscando apoyo virtual que ayudaba pero no sanaba. Nada sanaba si yo no permitía que así fuera. Y aún no estaba preparada para sanar. Debía procesar información. Debía analizar los hechos. Decidí afrontar la soledad y encontrarme con mi yo más profundo.

Aquel sin máscaras sociales. El que no responde a morales. Aquel al que realmente no le importa la bondad o la maldad, sino la autenticidad de los hechos. Ahí pude definirme al ver cómo era conmigo misma en este momento de dolor. 

Los primeros días fui muy cruel. La culpabilidad me derrotaba. No podía concentrarme. El dolor era un gran sufrimiento, no un maestro. El llanto me sorprendía en los momentos menos esperados. Lloraba en soledad. Me miraba en el espejo y no me reconocía. Me preguntaba ¿qué he hecho? ¿Esta soy yo? Y lloraba más, lloraba desconsoladamente. Mis uñas se hundían en los dorsos de mis manos. Me alimentaba por inercia. Sentía miedo. Ira. Bronca.

Quería olvidar. Era mala. Con todos y conmigo. Dejé que me definan, y en lugar de simplemente comprender la ira ajena, me hice responsable de esta.

Estaba perdiendo mi vida. Me costaba levantarme y trabajar. No quería salir a la calle. Lloraba largas horas. Otras simplemente miraba a la nada inmensa en una maraña de pensamientos que no hacían más que boicotearme. Dejé de meditar, de bailar, de entrenar. Había logrado lo impensado: ser cruel conmigo misma. Hasta que un día una meditación sanadora y las palabras de una amiga me dieron el pie para dejarme sola, sentarme a hablar conmigo misma, aceptar mis decisiones y hacerme consciente de que jamás había hecho nada por impulso o maldad. Había sido una decisión consciente elegida pensando en los dos. En la soledad de los días siguientes fui reamigándome conmigo. Hallé comprensión, aceptación y tolerancia. Hallé empatía. Siempre me había puesto en el lugar del otro, por eso había tomado la decisión. Me encontré siendo bondadosa conmigo misma. Con la bondad como fin. No interesada ni martir. Sino comprensiva. Amable y gentil. Me encontré siéndolo durante muchas horas, por lo que me sentí definida por eso. Y la bondad hacia mí me hizo poder brindar bondad al resto. Soltar la culpabilidad me hizo sacarle culpas al resto. Tolerarme y aceptarme me hizo tolerar y aceptar a los demás. Comprender que los actos no fueron con maldad ni impulsivos sino decisiones conscientes es suficiente para dar vuelta la hoja. Es suficiente para entenderme, y al entenderme, ponerme en el lugar del otro y comprenderlo también.

¿Y la bondad de mi amiga al hablarme? Al arriesgarse a usar palabras que la esclavizaran. Al regalarme su tiempo para apoyarme, al verme inmersa en el mar de las lágrimas. Al abrazarme y ponerse en mi lugar. ¿Y la bondad de la mujer que compartió una meditación guiada para sanar? Más allá de las ganancias de su canal. Elige usar su tiempo para trabajar de algo que ayuda, acompaña y motiva a desconocidxs, en un momento difícil. 

Ejemplos de bondad (para unxs, no para todxs, pero sí lo son por lo menos para mí) que yo podría perpetuar. Y si un día alguien que ama viene a verme con tristeza y desazón, poner el oído como alguien alguna vez lo hizo por mí. Preguntar qué puedo hacer. Si necesita un consejo. No hablar por hablar. Escuchar activamente y cuidar del otrx. Esforzarme por conocerlx. Compartir herramientas. Incluso, quizá, ayudar con el miedo a la soledad. Decirle "sé que te sientes triste, más aún cuando está sola, y nadie puede verte, sé que te culpas, eres cruel y dañina, te insultas y deseas no haber nacido. Creeme, te entiendo. Yo también he pasado por eso. Pero cada sentimiento es una llave. Abren las puertas de las posibilidades. Así tu puedes cambiar. Tomar otra dirección. Lograr finalmente el cambio actitudinal. No es una solución definitiva, no. La vida está llena de altibajos. Pero esto también pasará. Y estando sola, recuérdalo, serás tu misma. Y te conocerás como es necesario que te conozcas. Esto también pasará. Lo "bueno" y lo "malo". Lo importante es tener el corazón preparado. Saber reconocer el momento en el que las cosas salen "mal". No buscar justificativos. Simplemente aceptar. Y la soledad puede ser una gran guía. En la soledad las palabras no te esclavizan. Puedes decirlas, tomarlas, subestimarlas, arrepentirte, abrazarlas nuevamente. Pero no esclavizan. Resuelven. Reencuentran. Cuentan una historia que puede hacernos sanar, comprendernos, y aceptarnos de una buena vez. Así como son guías el miedo, la frustración, y la culpa. Si se sienten, si son parte de nosotrxs, bienvenidas sean. Significa que tenemos corazón. Un corazón empático y compañero. Sensible, atento. 

Es normal el malestar. Pero no tiene por qué ser una condena ni un martirio. Menos aún, ser definitivo. Son oportunidades. Llaves a mundos de comprensión de la Naturaleza Humana. Y así entendernos mejor a nosotrxs mismxs, y a los demás. Y quizá, poco a poco, lograr que la vida fluya un poco más libre, con menos expectativas, con menos dependencia del resto, con más puestas de Sol y cantos de pájaros... La vida no es fácil, no. Pero el dolor es inevitable. El sufrimiento es opcional."

 

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