¿destino, libre albedrío o voluntad de Dios?
Como el tema de los Kooks que dice "qué buen tiempo para irme lejos con vos a través del Universo esta noche", hoy sos parte de un presente tanto como quieras serlo... ¡y querés mucho! Me elegís. Con todas tus facultades, me elegís. Has puesto tus cinco sentidos físicos en mí, añadiéndole tu inteligencia, tu intuición, tu instinto, tu capacidad de proyección, tu fe. La combinación de todo dio lugar a que me elijas, tanto como te elijo yo. Así que de a poco voy asimilando que formás una gran parte del todo, siendo fiel compañero de mi individualidad, respetándola y fomentándola. Fiel compañero de aprendizajes, interpelándome, retrucándome. ¡Cómo me gusta! Cómo me gusta. Cuánto te amo. ¡Y me facilitás la vida! Y yo la tuya. ¡Y de cuando en cuando me la enrroscás! Y yo a vos también... Confieso que aprendo más de los enrrosques, que de lo simple. Porque logramos comunicarnos, acordar, entender, aceptar, y creer en el amor. Amor tan increíble, desmedido, puro. Amor, que no critica con intención de dañar, a la vez que no dice nada que no se sienta. Habla sincero, auténtico, de corazón, deseando lo mejor para el otro desde ahora y para siempre, y proponiéndose ser parte de ¿intentar? ¿asegurar? que así sea, haciendo lo posible dentro de lo posible. Y si no sucede lo deseado, lo ansiado, ¡hermoso desafío acompañarnos en el fallo, en la adversidad, en los dramas de la vida cotidiana! Porque así es el amor. Quiere ver crecer, acompañar, y cuidar en el proceso. Así que me doy la cabeza contra la pared y ahí estás, para hacerme reír, para no olvidarme del golpe y usarlo para crecer, o para avisarme por qué me golpeé si aún no me di cuenta. Así que te das la cabeza contra la pared y ahí estoy, trayéndote hielo, llenándote de besos y mimándote para que no hayan moretones ni cicatrices, analizando juntos el por qué de la lesión, para evitarla. Poniendo el oído, el hombro, el abrazo, la caricia. El apoyo incondicional. El amor, en acto.
Estamos de vacaciones con nuestras personas. Los que siempre juré amar más que a nadie, sin ser demasiado consciente de lo que significaba el amor, aún habiendo conocido el amor de sus manos, de su cariño incondicional. Hoy le hago honor a ese verbo, conociendo, cuidando, respetándolos, y siendo responsable de su afecto, Hoy más que nunca buscando compartir, crear lazos, guardar momentos en el corazón, para recordar. ¡Hoy más que nunca! Nunca me había visto tan atenta en el presente. Y es tan grato que sea de tu mano. Hoy más que nunca me involucro. Me ocupo más allá de preocuparme. Propongo, más allá de quejarme. Cambio yo en lugar de esperar que cambien los demás. Conozco a mis familias, y a más las conozco, más me conozco a mí. Será un tipo de terapia...
Desde que he vuelto que estoy de vacaciones, en casa. Despedí un sueño de momento, mi sueño de vivir frente al que creía que era mi más amado paisaje. El mar no está cerca, ya no más. ¡Qué grato era meditar frente a él! Ahí descubro que por eso ya no encuentro momentos para meditar. pero es que ni siquiera los busco porque hace rato que me he propuesto dejar de buscar. ¡Y así lo hice! Dejé de buscar, en vano. El Universo sabe a la perfección qué me toca, qué hay para mí. El Universo provee y yo con fe e intuición lo invoco, invoco todo lo necesario para vivir con plenitud y paz en el corazón. Le hablo, le brindo una alabanza, me brindo en alabanza, porque es fuente de vida, de mi vida, que tanto me importa, que tanto amo, que fue la puerta de entrada a un nuevo paradigma, al paradigma de la vida como lo más preciado, a la que cuido, respeto, conozco día a día, y de la cual me hago responsable, porque la amo. ¡Amo la vida! Y no le temo a la muerte porque no hay vida sin muerte. Es inherente a la vida, y la vida a la muerte. Como no habría sonidos sin silencios, u objetos sin vacíos...
Dejo a la vida fluir a través de mí. Quizá así se siente el libre albedrío. La libertad de elegir por lo que elegir implica: enfrentar una decisión frente a algo nuevo que llega para poner en juego la razón y el corazón, y todo el haber, todas las identificaciones de la mente, de la más insignificante hasta la más pesada de todas, tendenciando, inclinando la balanza, definiendo una dirección, un sentido, cambiando la historia, o quién sabe, aceptando lo que el destino tenía preparado, para darle la bienvenida a otra bifurcación, y volver a elegir, o dar rienda suelta al destino, intuyéndolo, entregándose...
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