Un fracaso más
"Cielo escúchame, no creo estar tan equivocado. Nada que perder, nada que probar, si es sólo existir. Me siento a esperar un fracaso más."
Pequeños fracasos, Pez(del disco El sol detrás del sol, 2002)
Si es que hace unos días estaba escribiendo acerca de esto... ¡Qué sería de la vida sin muerte! ¡Qué sería de los triunfos sin los fracasos!
Pero qué poco me gusta la palabra triunfo. ¿Por qué someteré a las palabras a un juicio de valor? ¿Seré una fracasada, entonces, o será que vive en mí la continua y compulsiva tendencia a destruir lo aprendido y reconstruir por encima de lo conocido?
Qué es el fracaso si no hay un deseo por cumplir. Una meta por alcanzar. ¡Como si sólo importara la meta! Cuántos perfumes se pueden oler endulzando el aire del camino. Cuánta vida se puede vivir en el camino.
Hace algunos días la frustración llegó a mí como llegan al otoño las hojas caducas, entre amarillas y anaranjadas, lo suficientemente secas para volverse crujientes. Inevitablemente, el verme de cara al futuro, sin saber muy bien si lo que "deseo alcanzar" es lo que realmente completa mi corazón, es que ¿aún no está completo? ¿Cuánta vida necesito para esto?
Al igual que la ansiedad, el fracaso se presenta con una doble cara: ¿enemigo o maestro? ¿Por qué la disyunción? Y ni hablar de nuestro afán siempre tan humano de nominar hasta lo abstracto: "la" ansiedad, "el" fracaso. ¿Qué serían sin esa estructura que les adjudicamos in-mente? Y cuando llega, llega con toda la idea que nos hacemos de lo que es o significa. Y si estás leyendo esto, pues probablemente pertenecemos a culturas muy parecidas, esas occidentales meramente caracterizadas por el triunfo constante como plan de vida, que identifica al fracaso como un falla personal, y la suma de fracasos como una vida no realizada, y la suma de vidas fracasadas como una comunidad destinada a la perdición. Así como la ansiedad se plantea como un estorbo en el tablero del juego de la vida, que hay que eliminar con cualquier droga terminada en prazolam o zepam, o bebidas espirituosas, o disruptores de la conciencia. Y luego ahí estamos: embriagadxs, narcotizadxs. Olvidando la realidad, esa que es la única que hay.
En esa realidad yo conocí al fracaso. Y no pude soportarlo. Será que me enseñaron que el fracaso es la vida no realizada. Pero ¡ay vidita, qué real que sos, cuán realizada estás con solo ser! ¿Por qué no convertir la concepción de lo que me dijeron que debía creer? ¿Por qué no escapar de la vara que mide mi accionar bajo el estrecho (¿e injusto?) rango de triunfos y fracasos? Y es que su antónimo quizá sea suficiente para asimilar el golpe que supone al alma, tan perturbada por la mente predeterminada y sus concepciones moralísticas de enciclopedia Larousse. Pero ¡por qué no convertirlo! Por qué no animarnos a transformar los conceptos y su capacidad de monopolizar la imaginación, como enjaulando nuestras potencialidades, domando nuestra libertad de Ser y coartando la fluidez tan sutil y esencial de la Vida Misma... ¡No! ¡Me niego a tan terrible acto de perversión, malignidad y corrupción! ¡Vida hermosa que jamás fracasarás, ni aún siquiera en la muerte que te antagoniza tan maravillosamente en una danza sin final! ¡Vida preciosa y extraordinaria, sé medio para que logre convertir esta sensación, sé guía para que mi fracaso sea el camino a descubrir que la vida me importa! ¡Que me importa dónde voy, donde estoy, quién soy yo, qué hora es y dónde estaré! El objetivo sigue ahí, busquemos un nuevo camino. Quizá no podrá ser el mismo, como todo, porque todo cambia a cada momento, ¡y qué importa si no es el mismo! Entreguémonos al cambio constante e inevitable. Y en el nuevo camino, la nueva intención o la misma, renovada, demostrando mi plenitud de alma humana. Mi conciencia que teme porque vive y desea porque existe y fracasa porque intenta! Y el número de intentos no ha de encontrar límite jamás...
Así que la solución es muy simple: si quieren evitar fracasar, ¡entonces no intenten! Y por lo tanto ¡no vivan! De este lado nos quedamos los que fracasamos día a día, porque intentamos, porque vivimos. Bienvenidos sean los fracasos, entonces. Bienvenido esta prueba pura y absoluta de que mi corazón late intenso haciendo circular la sangre que mantiene vivo el medio a través del cual puedo Ser y hacer. E intentar, y fracasar. Y por supuesto, intentarlo otra vez. Sólo el tiempo dirá cuándo...
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