El archivo de las charlas con la mente
No entiendo verdaderamente el por qué de esto de escribir.
Últimamente, revisando los archivos del pasado en una de esas oportunidades de paz mental en soledad y música de fondo, hallé una carpeta bastante organizada y archivada, sin ningún título de confidencial ni nada por el estilo. No, era un composé de documentos que alguna vez sirvieron de intérpretes de la realidad para un espíritu entre curioso y cansado, entre dolido y optimista, o entre perseverante y resignado. Hizo uso de los servicios no demasiado excepcionales de la mente, y digo "no demasiado" porque usa la mente hasta para comer y hacer el amor. Quizá no tiene el control, pero participa, ¡y cómo participa!.
Me senté frente a ese organizador. Típico de mí, contaba con etiquetas de colores según a qué grupo pertenecieran. Cuando encuentro estos atajos me sorprendo de mi yo del pasado. ¡Cuán organizada puede ser una mente para sus adentros! Y es que mis acciones hacia el exterior no lo demuestran. Raramente no estoy barriendo tierra debajo de la alfombra*... ¡Será el efecto contrario de lo que habita en mi mente? ¿Será que intentamos mantener el balance al hacer justo lo opuesto a lo que reside dentro?
Las etiquetas eran claras así que hallé en menos de unos minutos la evidencia del primer caso. Porque no, no estaba adelante de todo. Yo sabía que no estaría adelante de todo. Ni tampoco atrás. No soy monotemática al archivar. Quizá sea un gasto de papel pero hay temas que los archivo doble, o triple. Hay algunos excepcionales de los que se puede hallar una copia en cada organizador. Es como cuando me gusta mucho una canción y la agrego a una playlist. ¿Qué es eso de agregarla solo a una? Estoy segura que interactúa muy bien con varias otras. Entonces las busco, por nombre, en la librería. Que quede claro que me gustó y que la quiero volver a escuchar. Y ni hablar si me hizo erizar la piel... esas sensaciones son tan escasas en los tiempos de hoy! O por lo menos si vivimos la vida como nos sugieren que deberíamos vivirla. ¿Cuál será el parámetro del éxito según la real academia española, o los grandes magnates, o un recruiter de una empresa que te somete a una entrevista preguntándote cómo te ves en diez años? No, gracias, tampoco me interesa conocer al CEO, que debe ser igual de imbécil que vos.** ¡Cuánto dinero tendré que ganar para ser una persona realizada! ¿No alcanza con ser pleno por el hecho de transitar la vida?
Vida. Esa es una etiqueta. Elegí el color rosa porque el rosa post-it es de mis favoritos, la tinta negra le queda muy bien haciendo contraste. La etiqueta muerte es verde porque es casi el complementario al rosa. No el contrario, no, escribí eso porque quería, no fue sin intención. No es lo mismo contrario que complementario. Aunque podrían definirse de ambas maneras sin disyunción. Vida y muerte como contrarias y a la vez complementarias. Qué irónico hallar el complemento en el opuesto más puro.
Irónico!! Ironías también es etiqueta. Es la que me ayuda a aceptar en mi limitada mente humana cuestiones tan opuestas como esas situaciones en la que el amor fue reemplazado por el odio en función de unos segundos. Podría hasta hacer un gráfico: en el eje de las ordenadas marcar un rango de "te amo con mi vida" en el extremo más positivo, y "sos lo peor que me pasó" en el extremo de más negativo, pasando por 0. En el eje de las abscisas, la variable más absurda e irónica de todas: "tiempo". Y ahí, a divertirse en la montaña rusa de la función seno! ¿Qué es esa variabilidad errática de la sentimentalidad? Pero todo, todo es comprensible. Toda ironía es justificable, por su simple esencia irónica.
Esencia es otra etiqueta. Esa tiene pocos ficheros pero inició hace bastante tiempo con una frase que primero no entendía pero repetía una y otra vez. No sé por qué la repetía si no la entendía! Supongo que quería sorprender a alguien, porque recuerdo escribirla en francés en mi subnick de MSN: "l'essentiel est invisible pour les yeux". Los ojos ven. La esencia no se ve. ¿Qué tanto? Y si se trata de un fenómeno esencial? Como esa lectura de libro que se hizo real alguna vez porque alguien me dijo que "tenía que" leer. No sé si con la excusa de que hacía bien, o que me hacía más inteligente, ¡no sé! Yo en esa época quería ser más que los demás. No sé quién me lo enseñó, y si a alguien ofendí, les pido perdón... Hoy me veo y me pregunto qué habrá motivado ese espíritu competitivo. Hoy leo para mí y me importa ser real, lo que soy ahora y nada más. Quizá el orgullo atravesó la consciencia para convertirse en humildad. Quizá la humildad en realidad es el estado natural.
Y sino qué hace el árbol ahí erguido siendo siempre el mismo subiendo hasta el Sol con absoluta paciencia, aunque nunca lo vaya a alcanzar. ¿O qué hace el pato metiendo el pico debajo del agua para poder cazar? Y la mosca relamiéndose sobre un excremento que aún permanece caliente sobre un pasto que una vaca acaba de masticar. ¿Y la nube, desarmándose de pronto sobre la tierra, aceptando su efimeridad?
El estado natural de las cosas. Parece ser que tardé demasiado en poderlo ver, porque es una de las etiquetas que más archivos tiene repetidos, pero es una de las últimas en ser confeccionada. De hecho son copia de originales que logré revisar en el último tiempo, en un día como hoy, de esos de paz mental y tendencia autointuitiva. Y hablo de autointuición porque aplico la intuición hacia dentro y me dejo llevar en más espontánea creación de pensamiento. En la función mental más primitiva, más incipiente... ¡esa que encuentra curiosidad en masturbarse de la nada sin importar quien esté en frente, como un infante de unos pocos años descubriendo su sexualidad! ¡o abandonar para siempre la vida típica e isolarme en una montaña en el medio de la nada como hiciera Zaratustra! ' ¡Y volver a la civilización para no morir, e intenter compartir mi palabra, o ni siquiera preocuparme y aceptar la sed, el hambre, el frío, la putrefacción y el vacío! La misma función mental que me puede pedir que roa una corteza de pino o que me revuelque en un colchón de hoja caduca. ¿Y por qué cualificar esto como "primitivo"? Porque alguien quizá me dijo alguna vez que no debería hacerlo. Y el absurdo tiempo me enseñó las consecuencias de los actos. De ahí que esos pensamientos existan pero no los deje realizarse. Aun así, llegaron a la mente también! Pero fue recientemente, cuando pude abrazar humildad y la pérdida de la tendencia competitiva que hallaba mi alma confundida, aceptar que esos pensamientos habitaban en mi mente.
Y ahì me encontrè con ella, la que etiquetò toda la vida en este fichero que tenìa bien escondido y finalmente me lo presentò cuando pude verla cara a cara: una mente pura en todas sus formas, humana hasta la mèdula, lo que significaba un sinfìn de resabios evolutivos que habitaban en la historia genética, una naturaleza de hábitat que así lo había sido siempre, y la frustrante pero excitante naturalidad del existir: ¡la vida que encontrará la muerte, la compañía que finalmente conocerá la soledad, y el amor que algún día se transformará en odio! Cuánto de todo esto es elegible... como ni siquiera había elegido ese impulso rivalizante que beligeraba contra los colegas de cualquier disciplina o acción que me encontrara llevando a cabo. Y sigue, sigue hoy en día, aun después de tanta etiqueta, de tanta meditación, de tanto encuentro silencioso en paz y soledad que he tenido con mi propio ser, sigue ahí apareciendo como si fuera intrínseco a mi ser, a mi fuego interno, a la forma en la que se mueve mi sangre o se sintetizan mis proteínas. Como si viniera de ahí, de la unidad más pequeña, de la célula egoísta que no le importa más que cumplir su función interna y si esto implica sacarle demasiada energía al intersticio o poner en juego al organismo le importa un bledo.
Ahí está mi ser, por eso está en "el estado natural de las cosas", y es la última etiqueta del archivador, porque no importa el orden alfabético acá, porque yo sé dónde encontrar cada una. Porque el día que mi mente me invitó a conocernos me enseñó su organización y quizá fue el mismísimo hecho de estar conociéndonos con ella que, desde entonces, la atención prestada a cada proceso interno vino a regalarme entendimiento, cada vez más profundo, como si se desbloquearan niveles de consciencia, como si se expandiera poco a poco la potencial naturaleza de ser que interpreta, responde y asimila. Que recuerda y etiqueta. Que revisa y renueva. Que intenta. Y fracasa. Y vuelve a intentar. Como si la búsqueda del triunfo fuera un motor por sí solo. Como si la idea del vivir fuera el desafío, no el logro detrás. Como si la muerte fuera una realidad inevitable, entonces ¿qué hay para perder? ¿cuál es el desafío detrás de una vía de un tren con un tren acercándose a toda velocidad más que un golpe fuerte y doloroso y una muerte segura? pero ¿qué hay detrás de vivir desafiando el vacío que mi mente experimenta en este sin fin de definiciones, contracciones y separaciones, en esta convulsiva unanimidad de ser y hacer lo que todos dicen que debemos ser y hacer? Alcanzar la cima como si la cima fuera para todos... Como si fuera lo único que es correcto hacer en este camino de locos intentando llegar antes haciendo lo que sea necesario, como pisar una cabeza para intentar sobrevivir...
Guardo nuevamente el archivo. Como la primera frase: no sé cuánto sentido tiene esto de escribir. Pero hay una sensación en mí, esa, la autointuitiva, que me lleva a hacerlo. No quiero que nadie me reconozca, no quiero que mis textos sean leídos por lindos ni para hacerme conocida. Yo quiero acompañar. Quiero ayudar. Y se me ocurre que quizá muchos de nosotros podemos hacer las paces con nuestra mente como yo lo hice alguna vez. Quizá todos ya lo hicieron y yo fue la última en llegar. Quizá es un síndrome de Luciana, y soy la única en el mundo y en su especie que vivió desconectada de su mente consciente hasta que un día se encontraron, como cuando te encontrás con alguien que no ves hace mucho o que ni siquiera conocés en un café, o en una discoteca, y te ponés hablar, y de pronto hay algo que se mueve en el centro de no sé dónde, si es el cerebro, el pecho, la boca del estómago, el cuello, el pubis, abajo del ombligo, arriba de la cabeza, pero es en el centro, a igual distancia de cada mano, a igual distancia de cada pie, de cada ojo, de cada comisura. Hay algo ahí dentro que gira y vibra y toca la puerta de los demás centros que también giran y vibran y soplan y se liberan, dejando fluir una esencia tal que estoy descubriéndolo justo ahora. Escribiendo estas palabras...
Y freno el ritmo de escritura porque estoy haciéndome consciente de cómo es que mis niveles de energía y mis centros internos me saben avisar por dónde caminar, qué camino tomar, a quién hablarle. Como eso de lo que hablaba antes, la autointuición, siendo intuitiva conmigo misma hallo la capacidad de conocer y entender qué es lo que me lleva a hacer lo que hago, como este sinsentido de escribir y dejar plasmado que sí, que no es para nadie este fluir más que para mí! Y si sirve de algo para alguien más bienvenido sea, pero yo, yo acá estoy escribiendo un fichero más, y lo voy a archivar, como hago siempre, y lo voy a etiquetar y le voy a sacar copias como tantas etiquetas lleve, para tener la posibilidad de reencontrarlo, cosa que rara, raaaramente hago, porque acá estoy, presente en absoluto, describiendo a través de palabras que ya están creadas ideas que ya están pensadas, porque tantas mentes piensan y tantos pensamientos piensa cada mente que seguro, ¡seguro que alguien ya las pensó! ¡Pero si a seguro se lo llevaron preso! Quizá es el destino de todo ser humano, quizá se repite en cada historia individual, o en la probabilística engañosa de que todo puede suceder, tanto como que en el medio de un universo en expansión y con tendencia a generar vacíos surja repentinamente un átomo de hidrógeno y no sólo esto sino que se combine con otro y dé lugar al helio, al litio, al berilio! ¡Y luego al boro y al carbono! Nitrógeno atmosférico, oxígeno vital, fosforo asesino, luz de neón!
Entonces me entrego a un destino incierto gracias a que el destino ya no importa demasiado. Pero sé por dónde caminar porque me lo dicen esos centros. Esos atomizadores internos que humedecen y lubrican con sutileza los canales a través de los cuales corre ese hilo de energía vital que se divide entre mis piernas y me empuja a caminar, y que arriba hasta mis ojos y me ayuda a ver bien, a usarlos para lo que son necesarios pero el resto mirando a través, lo esencial, lo que mueve el interior, que no sé qué es ni cómo llamarle, que no es ni el concepto abstracto de vida ni muerte ni de amor u odio ni de orgullo ni humildad, aunque quizá sea todo eso a la vez, y el estado natural de mi fuero humano se presentaría ante mí como ese encuentro, ese que por primera vez hizo sucumbir mi alma inconsciente de su inconciencia, la que a partir de entonces se sienta de cuando en cuando a hablar, más en los momentos de soledad. Como si fuera una especie de terapia, o un intento de sanar, o un impulso de verdad, o dejar ser al presente, o buscar un pasatiempo, un hobby, un medio para ayudar, un trabajo para olvidar... y aun así, dejarlo en el archivo, bien guardado y etiquetado...
Aunque si se pierde... ¡qué más da!
De hecho revisé hasta el tercer párrafo... y me aburrí. Es hora de pedalear.
*mito jaja. Ordeno, no es mi pasatiempo favorito, pero ordeno.
**Se ponía violenta jaaaaaaaaaa. No, el recruiter no tiene la culpa, seguro se lo enseñan en la carrera de recursos humanos, como a mí me enseñaron a darle paracetamol a todos los pacientes excepto al que sea alérgico (como si un solo principio activo repentinamente fuera una panacea)
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