abuela!

24/nov/22 

Me siento una con el universo.

Lo extraño de todo esto es que es tan marcada mi energía, mi alegría, mi paz, que le busco explicaciones. ¡Qué humano todo! Estuve leyendo lo del Sol en Sagitario. 

Una amiga mía que entiende de astrología dice que sagitario es aventura y alegría. Dos de mis estados del ser. ¿Será que ahora bajo la influencia de esta constelación, esos dos matices están variando? Tornasolados, violetas, brillantes. Mi alegría sube y baja siempre. Hoy se instala y me abraza con fuerza. 

Te miro a los ojos. Te creo. ¡Te creo! ¿Es verdad? ¡Es verdad! ¡Te encontré!!!
Acaricio tu rostro, me alejo, te miro de lejos. 

Sol en sagitario... Mi abuela es de sagitario. Cumple años en una semana y media, el cuatro de diciembre. Hace algo más de 5 meses me fui lejos, a miles de kilómetros de ella. Océano de por medio, la besé y abracé en sueños, le dije que la amaba y que me espere, que me quedaban abrazos y besos por darle. Le prometí volver para su cumpleaños. Y acá estoy, cumpliendo promesas, algo que intento hacer siempre que puedo, aunque últimamente estoy eligiendo dejar de prometer.  Aunque más allá de quién pudiera, mi pregunta es quién quisiera. Hoy con esta energía me siento eterna, sin edad, con un cuerpo liviano y etéreo, ágil más allá de mi torpeza innata, atenta, vigorosa. Me siento una amante, entregada. 

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03/ene/24

No fui, abuela. No pude.

No llegué para tu cumpleaños. Prometí algo que no pude cumplir.

Cumpliste 91. Te pedí que me esperes. Seguís ahí, no tan firme pero seguís ahí.

Te están por operar de la cadera. Y yo justo di con este borrador que no hube publicado, ni terminado. Estaba ahí, en pañales.

No fuiste la clase de abuela que le cambia los pañales a su nieta. No hacía falta. Mamá se dedicaba full time a mí.

Tampoco fui a clases de cerámica con vos, ni mucho al centro de jubilados tampoco. Vale sí. Con Vale hicieron de todo. No sé por qué, será que no fui la primera nieta con la que pudiste compartir tiempo.

A tu primer nieta te la arrebataron. No te dejaron compartirla. No sé si el responsable fue tu propio hijo o su mujer de entonces. Pero ni Antonio ni vos la pudieron disfrutar.

Años después se reencontraron. Ella ya era grande. No la solés nombrar mucho. No sé si porque te duele o porque no te acordás tanto de ella.

Nunca te lo pregunté, ahora que me doy cuenta. No sé si alguna vez quise tocar el tema.

Igual que lo de Damián. Las muertes de los chicos impactan mucho en las familias. 

Lo que sí sé es que extrañás al abuelo. Hace 32 años lo extrañás. 

Días antes de irse te dijo que mi hermana, con menos de 3 meses de vida, le había movido la manito como si lo saludara. Fue la última vez que lo vio vivo. 

-Nelly, Nelly, Valeria me saludó con la manito!- dijo el abuelo

-Estás loco Antonio? Tiene dos meses y medio la nena. Debió hacer un gesto pero no te saludó a vos específicamente.- respondiste

-Te estoy diciendo que me saludó.- concluyó la conversación, casi ofuscado.

Papá siempre dice que cuando el abuelo se ofuscaba se ponía la pipa de costado y lo miraba fijo, serio. Cómo me gusta acordarme de estas cosas. No sé por qué me importa tanto. Ni siquiera lo conocí, pero siento que algo de lo que fue él, también soy.

Como de lo que sos vos, abuela. 

No siempre me gustaron tus historias. A veces pensaba que hablabas demasiado de vos y que no escuchabas a los demás.

Un poco más de grande empecé a entender que tu vida era tan importante como la mía, y quise escucharte. Y te escuché mucho.

Alguna vez te dije que quería grabar la historia de tu vida, y transcribirla. Creo que fue una de las pocas ideas que surgían de mí en ese momento que no estaba conducida por la necesidad de encontrar algo que me haga pegarla y dejar de vivir con miedo de no llegar a fin de mes, quedarme sin trabajo o no ganar lo suficiente para vivir tranquila.

Hoy me doy cuenta de que esos miedos no estaban conducidos por vivir en Argentina sino por mi propia psiquis condicionada por la herencia familiar.

Abuela, vos, papá y el tío Fabi fueron los que más me invitaron a vivir la vida viajando, conociendo, comiendo, disfrutando. Me enseñaron a activar los sentidos. 

Es cierto que yo hoy trabajo mucho en apaciguarlos, calmarlos, evitar que me pidan alimento todo el tiempo. Es cierto, recibí una cuota importante de austeridad. No podía ser menos el aporte de Stella.

Es una forma de percibir la vida quizá. Con el amor como principal motor y conductor de la historia. Que a veces se pierde un poco en la perspectiva, porque la vida es demasiado larga, amplia y abarcativa. No siempre reina el amor ni está primero en la fila.

Pero de una manera u otra el amor condicionó mi llegar hasta acá. Amor por la vida, por conocer, por cuidar mis sentidos, por un otro que se apareció en el camino con una fuerza que me transformó.

¿Estará ahí el secreto de mi conciencia?

Recuerdo haber escrito algo como esto, pero no recuerdo cuándo.

No sé a qué se debe. Creo que me gustaría recordar un poco más.

Hoy me concentré en la playa. Estaba nadando mirando a los perros en la orilla. 

Ellos me seguían. Yo nadaba hacia un lado y ellos me seguían, desde la orilla. Nadaba hacia el otro, y me seguían. No se metían, no nadaban. Yo sola nadaba. Nadie más estaba en el agua. 

Acá es invierno pero a mí me gusta meterme en el mar igual. No está necesariamente templado, pero su frescor me despierta. Y en ese despertar grabo lo que estoy viendo. Y lo puedo recordar, como una pelìcula.

"Grabando" en inglés es "recording", pero "recordando" es "remembering". Remember tiene raíz en remembrer, del francés, que viene de rememberi, del latín. 

Grabo en eso que llamamos mente y le pido que lo guarde.

Así como le pedí con innumerables momentos. Algunos los guardó. A otros, aún no pude acceder.

¿Será que me estoy volviendo vieja?

¿Será que me estoy olvidando de todo, incluso de aquello que me hizo feliz, y que quiero recordar pero no puedo?

¿Será que no me hizo realmente feliz sino que eso era lo que yo creía que debía estar viviendo en ese momento y por eso no recuerdo nada... porque realmente no estaba siendo consciente de lo que estaba viviendo?

Soy una máquina de hacer preguntas sin respuesta. Una máquina humana de preguntar.

Abuela, cuando a vos te preguntaba, vos me respondías. Pero hubo muchas cosas que no te pude preguntar. No me animé, a veces tampoco me dejabas. Como si no quisieras hablar del tema.

Quién quisiera prometer...

Otra palabra polémica. Codiciosa. Hasta violenta.

¿O soy yo la que le pone esa connotación?

No quiero prometer ni que me prometan.

¿Así de fácil?

¿Y comprometerse? Significa "to make a mutual promise".

No nos comprometimos. Yo prometí, abuela.

Vos aceptaste.

Solo yo fallé. 

El vuelo sale en dos meses. Tu cumpleaños fue hace un mes. Ya pasó.

Como pasaron las fiestas. O el aniversario del abuelo. 

Y justo encuentro esta entrada a medio escribir. Revisando un poco todo lo que tengo escrito.

Porque quiero publicar, ¿sabías? Obvio que no sabías. No te lo dije.

Prácticamente no se lo dije a nadie.

Quizá en algún momento me anime. Lo cuente.

Quizá hasta esta semicarta esté en el listado.

Seguro deba modificar muchas cosas. Corregirme.

¡Ay, abuela! ¡La pereza que me da eso!

Con pereza no se llega a ningún lado.

Debería superarla. Pasarle de largo.

Y hacerlo. Aceptar las correcciones.

¡Pero si era yo en mi forma más pura escribiendo el estado de mi alma, de mi ser!

Pero publicar es otra cosa, chiquita.

Casi como comparar la foto del momento con la realidad... 


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