bendita/maldita dialéctica

(cont. Andalucía)

Hallé en los cuadernos un gran sitio de expresión.

Descubrí que, en algún momento o etapa, la escritura aquí fue parcialmente abandonada.

¿Qué hay del hábito de escribir en el blog?

Cuánto tiempo lo hice desde el teléfono.

Hoy busco el espacio en las libretas, los cuadernos,

los dorsos de los libros.

Hablo. Pienso en silencio.

Medito y reflexiono.

¡Cuánta dialéctica vive en mi!

Es una forma terrible y maravillosa de verlo todo.

Cada frase resume perfecto y a la vez se queda tan incompleta.

¡Es insoportable! Y a la par, tan liberadora.

Hablo con una chica que también dice haber leído al mismo autor en la misma época.

Y descubro un factor común.

Hace rato lo descubro. Es humanidad.

Hay algo igual en todos, a lo que mirar directamente cuando se mira a otro.

Como cuando se mira a la naturaleza y se ve la esencia idéntica,

la vibración,

la frecuencia de onda.

Cierro los ojos, puedo seguir escribiendo. Respiro hondo y me concentro.

Descansa mi cabeza sobre mis hombros. Detener la respiración me permite llevar más atención a eso que quiero atender.

¿Qué es lo que está relatando mi cabeza?

El fluir infinito de un río.

El golpeteo incesante del mar.

Son las olas. Es la vida misma.

Lloro, y lo relato. Lloro porque me duele la existencia.

Duele de solo pensar en ella. Y medito en el dolor, por indicación de un compañero, del compañero del día a día.

Medito y me duermo meditando, y en la somnolencia de un microdespertar, abrazo sin pensar en nada más que en eso, en darme.

Puede ser más fácil, más difícil, un desafío o algo fácil de masticar. Podemos tirar bocadillos y quedarnos pensando en lo que significa, la propia frase o el hecho de decirla.

Mientras se busca un refugio del calor y del sol, del fuego en exceso, de una calidez que por momentos es reconfortante y por otros quema profundo y lastima.

Verano en Andalucía.

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