La aplicación más popular // No tan distintos
Me sugiere que deje caer un pensamiento.
¿Cuál de los miles que pasan por mi cabeza en este momento?
El que piensa en el futuro,
en el ahora,
o en la muerte.
Me lo sugiere la aplicación más popular, la que usamos mucho, muchos.
¿Nos está generando algún trastorno este constante estímulo visual?
¿Es saludable consumir fotografías y filmografía de personas que conocemos (o no), generalmente gozando, o siendo talentosas, o hermosas, todo el tiempo, todo el día?
¿Cuánto colaboro al reafirmar su belleza a través de un comentario?
¿Qué pensamos cuando luego de eso, nos miramos en el espejo?
Si es que nos miramos.
¿Cómo valoramos nuestro trabajo luego de una lluvia de imágenes de playas, montes y montañas? Sobre todo si veo a alguien triunfando con un trabajo que parece mejor que el mío.
Esto de compararse no es algo que expresemos o sintamos todos los seres humanos, sin excepción,
no,
tiene que ver con la personalidad, el signo solar, el tipo de educación recibida, las personas con las que nos hemos involucrado a lo largo de la vida, los años de edad, y muchos otros aspectos que convierten al aspecto psicológico de compararse con otros en una causa multifactorial.
Entonces me comparo, porque siempre lo hice. Aunque fuera consciente de que no tiene sentido compararme,
de que siempre habrá alguien que está peor y pienso que está mejor,
o que pienso que está peor y está mejor,
porque eso de mejor y peor no es más
que juicios,
ahamkara.
Compararme con nadie,
con la nada.
Recojo estos pensamientos en un cuaderno, para decirme que hoy estoy así, un rato, como esos pequeños ratos que lo estuve siempre, toda la vida.
Pero en un rato, quizá mañana pasará.
Que trabajo todos los días en acercarme a la que quiero ser, de pensamientos de gratitud y no de comparación.
Entonces empiezo desde el vamos,
y agradezco por ser consciente.
Es tan fácil combatir la depresión con esta técnica.
Agradecer como tratamiento contra la depresión y la comparación con otros.
Agradecer por, al menos, tres cosas por las que nos sentimos agradecidos.
Luego de enumerar tres, ¡fluyen tantas otras!
Y no voy a empezar agradeciendo por la vida en general. No.
¿No era la vida misma la que me generaba ansiedad y frustración, y miedo, e incomodidad?
¡Soy humana! ¡Sé que voy a morir!
¿Qué me cambia pensar en la muerte?
¡Aunque eso me duele, y mucho!
¿Cuántos se apenarán el día de mi muerte? ¿A dónde irán todas las fotos, videos, información digital?
Entonces agradezco por todo lo que hace lindo el vivir.
La música.
El amor.
Los atardeceres.
Cuánto por lo que estar agradecidos...
¡Y comprendo!
¡Y sé escribir, y leer!
¡Y si quiero salir al sol, lo hago en un instante!
* * *
Escribo meditaciones para mí.
Quizá también para otros.
Sigo el ejemplo, inspirada por, y admirándolos profundamente,
aquellos que dejaron los escritos que me llevaron a meditar tanto sobre mí misma y todo lo que me rodea.
¿Por qué inspirar al resto? ¿Inducimos pensamientos donde antes no estaban?
¿O los pensamientos son comunes a una energía universal infinita, y solo resuenan los que estamos preparados para enfrentar?
¿Será entonces la señal verdadera y definitiva de que no estamos solos ni somos tan distintos?
¿Qué despertó en nosotros, en nuestro corazón, la libertad e independencia?
¿A dónde nos lleva esta infinita capacidad de elegir,
y si acaso poseemos facultad infinita de elegir?
Cayó el feudalismo,
sobrevino el Estado.
¿Qué diferencias hay?
¿Realmente es necesaria la burocracia?
¿Quiénes ejercen el poder?
Siquiera los que gobiernan, menos aún los que eligen a quienes gobernarán, como se suele enseñar en las escuelas.
Hay fuerzas por detrás, mucho más grandes y organizadas.
El hombre máquina nunca se fue.
Está más difundido que nunca,
en los automatismos,
en el desear que el día se pase rápido,
en el festejo del fin de otra jornada laboral,
que se pase el verano,
que termine el contrato,
que llegue el final.
¿Qué es la vida sino un sostén de relaciones de poder, y despotismo, y malgastar recursos energéticos humanos? Malgastar, y es mi ego el que dice qué está bien y qué está mal. ¿Y si no es malgastar, sino simplemente dejar que gire la ruedita, que funcione la máquina, como dijo Gloria?
La nada sigue girando, mientras camareros ponen copas y copas,
a turistas aturdidos,
borrachos,
e insolentes,
con un puro en la mano y una cerveza bien fría en la otra,
salpicando el suelo intentando mantener el equilibrio que ya se les perdió hace rato.
Es todo esto parte de la vida y negarlo es un afán insostenible porque la realidad de uno sea la realidad de todos.
Pero ¿podría usarse de otra forma la energía vital humana, acaso?
Mi forma de ver la realidad se me vuelve en contra, tenebrosa.
Pienso que quizá pienso demasiado.
En mi mente se figura la posibilidad de que no me de cuenta de todo esto.
Mi intelecto me hace ver la naturaleza del todo y de mi parte, infinitésima pero fundamental, en ese todo.
Exactamente estar escribiendo estas palabras en este momento y lugar.
¿Sería más feliz?
Bruno me señala: "qué bueno que pienses en todo eso".
Alguien que lo sometió a juicio.
¿Acaso busco la aprobación ajena?
Y solo entonces no me sentí tan mal.
¡Qué claro el ejemplo de E.F.!
El individuo podrá ser libre, contar con la posibilidad de aislarse,
desarrollar su personalidad y potenciar su yo al máximo.
Pero quizá sea verdad eso que
leí en un muro en Florencia hace más de seis años ya,
y no lo comprendí sino hasta sentirlo:
happiness only real when shared.
* * *
Hay ideas que solo se comprenden cuando se vivencian.
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