DUALISMO

 Alguna vez escuché decir la palabra dialéctica. La había escuchado muchas otras veces en verdad, pero antes de esa vez, nunca me había percatado de su existencia, y lo más vil: yo no sabía qué significaba.

Siempre me consideré hábil con la palabra y la escritura, por lo que desconocer el significado de una palabra me conducía a la ira y desataba una parte de mí, esa que tanto me cuesta controlar y que más niego y detesto, que es la que inventa por miedo a decir que no sabe. 

Esa vez, lejos de preguntar y no tener que demostrar desconocimiento, preferí hacer uso de mi conocimiento en etimología de las palabras.

La persona que usa mucho esa palabra es uno de los dos sujetos que conozco y aprecio mucho que pueden dominar el fuego. En el sentido figurado. De los sujetos que pueden dominar el fuego hablo en otra historia. En esta, el eje central es la palabra dialéctica y su significado.

Cuando la escuché aquella vez y descubrí que empezaba por "dia", recurrí al recurso de la etimología para pensar que era algo que sucedía a través, y con "léctica" asumía que se hacía haciendo uso de la técnica de la conversación, como un arte, porque viene del griego. Hay fuentes que la definen como "una práctica metodológica de los debates y controversias filosóficas cuya característica central es la confrontación de dos ideas para dar con una tercera". Me pareció una técnica muy interesante aunque a veces agobiante cuyo éxito depende fundamentalmente de cuán neutras puedan permanecer las partes, para no dar lugar al conflicto de egos y efectivamente poder construir a partir de la cognición al servicio de la escucha de un otro. 

A veces cuando estoy mirando el horizonte o escribiendo aparecen esos momentos de poner la cognición al servicio de la escucha de mi propio diálogo interno. Propiocepción, meditación, técnica de la atención plena o mindfulness también se le llama. Es simplemente un recurso transitorio de autoconocimiento y conversación interna acerca de las supuestas verdades de la naturaleza. Para usar las palabras con propiedad no uso dialéctica. Porque no hay un otro. Le llamo dualismo.

Y así divago entre los dos extremos de una misma idea. Y trato de siempre permanecer un tiempo en el medio. Luego alcanzo los bordes. Respiro el humo. 

La tendencia y la identificación definen. Definir limita.

Encuentro interesante resolver alguna cuestión práctica o cerrar los ojos frente al sol que se oculta detrás de las nubes y nos regala un rato de atardecer suave, lejano.

¿Diálogo dialéctico es redundante?

Siempre contemplo la posibilidad de hablar con algún experto para pedirle que responda a las preguntas que me hago.

Y uno de ellos, claro está, domina el fuego.

Yo ya lo conocía cuando se volvió consciente. Recuerdo que hubo alguien que le dijo lo mismo que le dije esa vez que lo experimentó. Le dijo que mirara a los ojos lo más que pudiera.

Dominó el fuego y por lo tanto el arte de la dialéctica.

A veces se va un poco de emoción, es cierto. Los que controlan el fuego son así. O caen en vicios, que es lo mismo.

Vicio de escribir, vicio de la melancolía, de experimentar el dolor de la vida en su aspecto más profundo. 

El silencio es compañía porque permite percibir el suave murmullo de las hojas que se agitan con el viento. 

La energía de las personas es invaluable.

De un extremo o del otro, siempre hay un lugar seguro en el cual permanecer. Se puede sonreír de contento. De simple agradecimiento.

Parece no importar verdaderamente de qué lado de la mecha se encuentra uno, como entonaría el Indio Solari en una canción de Los Redondos.

Hasta la letra de la música que escuchamos es una oportunidad dialéctica. 

A esto me refería cuando hablaba de vicio.

Ni siquiera se puede parar de pensar.

Las plantas me miran y yo me miro con ellas.

Siento que constantemente estamos intercambiando algo que no veo con los ojos pero está ahí. Sólo lo respiro, a consciencia.

Ahí es cuando siento que verdaderamente estoy en presencia.

Y no hay dualidad porque se extinguen los polos.

Solo hay.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Trebelín

Darle el lugar a la posibilidad

Como romper el ciclo