"Acordar en desacordar"

"Tienen que acordar en el desacuerdo” aconsejó la amiga. 

El entendimiento no siempre es espontáneo, ni tendría por qué serlo. No entenderse es habitual, a veces ni siquiera se habla el mismo idioma, aunque así parezca. Tu lengua madre puede ser la misma, pero ¿qué significado tiene cada palabra en la mente de cada uno?

La amiga también aconsejó preguntar qué significado tienen las palabras. “¿Qué significa para vos el respeto?”, y escuchar. Es sorprendente descubrir que, a veces, las definiciones son bastante diferentes entre sí. 

Conocerse no es compartir tiempo; tampoco ocurre espontáneamente a través de convivir. “Al conocimiento se va como se va a la guerra: con miedo, respeto, confianza, y bien despiertos” enseñaba Don Juan. Cuando se va al conocimiento sin una de esas pautas, entonces uno no puede convertirse en un Hombre de Conocimiento. Es como el saber por saber; saber no es lo mismo que conocer. Parte de la diferencia radica en la experiencia.

No podemos dar por sentado que nos conocemos porque “nos conocemos hace tantos años”. No es lo mismo haber conocido a alguien que andar conociendo a alguien. No es lo mismo compartir tiempo que conocer. Ni convivir. Tampoco es lo mismo encontrarse por primera vez con alguien. En ese aspecto el inglés es un poco más preciso (con el verbo to meet). 

Esto viene porque puede que creamos que conocemos a la persona con la que vivimos, y no sea cierto. ¿No escucharon nunca a alguien decir que estuvo 20 años con una persona que de pronto “no sabía quién era”? ¿En qué momento los vínculos se vuelven tan sólidos, o tan obvios, o tan “para siempre”, que se pierde el espacio de interés en el que se pregunta cómo ve el mundo cada una de las partes? ¿O acaso creemos que todos ven el mundo como lo vemos, o que conciben las palabras bajo los mismos términos que nosotros? La semántica es importante para comunicarse, y en gran parte podemos conocernos a través de la comunicación.

Como hay comunicación verbal y no verbal, y a veces la verbal es hostil, dañina, lastimosamente dañina, podemos valernos de la comunicación no verbal. Abrazar, besar, agarrar de las manos, mirar a los ojos, hacer un masaje, apoyar la cabeza en el pecho. Se puede buscar muchas maneras de expresar lo que a veces cuesta poner en palabras.

¿Conocemos cuáles son los valores de cada uno de nuestros seres queridos? ¿Siquiera se los hemos preguntado alguna vez? O suponemos más o menos saberlos, según cómo son y van siendo. Un día cambian y nos enojamos. ¿Por qué? ¿Les dimos la posibilidad de contarnos que sus valores cambiaron? Si ni siquiera sabíamos con exactitud cuáles eran los valores antes.

A veces puede ser un poco incómodo preguntar esto. Pero es en la incomodidad donde hallamos un camino desconocido para recorrer, y así crecer. Don Juan también dijo que “Aprender siempre es el camino difícil”. Si lleva razón, no podemos pretender que sea sencillo.

Las treguas también son importantes, dejar de darle atención a la palabra, buscar sitios que recuerden que hay mucho más allá de un vínculo que se está desencontrando: viento, árboles, hormigas haciendo camino, nuevos brotes, ruidos de motor, bombillas eléctricas vibrando bajito, mosquitos, cacas de perro, hojas secas, humedad, esporas que no se ven, micelio. Donde acaba mi cuerpo continua el cuerpo de la naturaleza, en el aire que rodea, que continua en tu cuerpo, que continua en la hamaca que te mece, que continua en las ramas que la sostienen. Es un redundante sinfin de continuidad.

Respirar hondo y dejar un poco de lado las emociones. Recordar que se es humano, animal que razona, libre de escoger la actitud con la que vive. Elegimos entonces el consejo de la amiga. Acordar que a veces no se acuerda. Entender que a veces no se entiende. 

Aun así, sentarse y abrazarse. 

Y mirar el horizonte.

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